A veces nos angustiamos pensando que la Ibiza de siempre, la mágica y encantadora, se nos escapa poco a poco entre los dedos con la llegada de tantas y tan variadas atracciones, como desembarcan cada año en la isla. Veranos cada vez más intensos, más caros,  más concurridos. entonces…  a primeros de Noviembre, aún con la sensación de resaca estival, amanece un precioso domingo soleado, inundándolo todo con esa luz única que ilumina cuanto toca y llena de alegría y vitalidad a aquellos que la disfrutamos

Como no podía ser de otra forma nos dirigimos al mercadillo de San Juan… y allí está… esperándonos, un mercadillo como los de antes, como los de siempre, los que han hecho famosa a la isla por todo el mundo.

Puestos de artesanos que exhiben con mimo sus creaciones en una mesa de madera,  el peldaño de una escalera o el capo de un coche. Tenderetes de comida artesanal, conservas de granja o productos de la huerta ecológica hacen las delicias de paseantes y compradores

En medio de este mercadillo que tiene mucho mas de evento social que de feria comercial, la música ronca de dos guitarras rockeras, lo inundan todo, trasladándonos al siglo pasado. Junto al puesto de zumos naturales, en un tablero tamaño maxi, se celebra una partida de ajedrez larga, soleada y reconfortante. A pocos metros unos troncos y martillos de madera donde los niños parten y comen almendras y un mosaico humano, difícil de describir, completan un entorno en el que solo cabe disfrutar, añorar y desear intensamente que juntos, sepamos conservar por mucho tiempo, este reducto de autenticidad y armonía, que de forma tan desinteresada nos ofrece cada domingo el pueblo de San Juan.

¡¡Sin duda una apuesta segura para los domingos de invierno!!

 

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